El rastro del dinero: ¿corresponden los patrones de la financiación a las tendencias y pruebas empíricas?

Desde el fin de la guerra fría la naturaleza de la asistencia humanitaria ha cambiado drásticamente. Su crecimiento exponencial la ha llevado a convertirse en un sector valorado en cerca de veinte mil millones de dólares estadounidenses. El incremento de la inversión en el ámbito del desarrollo y de la intervención en situaciones de crisis ha permitido concebir  mecanismos de prevención y mitigación de las crisis cada vez más sofisticados y acelerar la rapidez de las intervenciones.

Sin embargo, la comunidad humanitaria suele ser objeto de riguroso control, cuando no de críticas, en relación con el gasto y la distribución de los fondos. En el capítulo 4 se analiza los mecanismos de financiación corrientes de las intervenciones humanitarias y las iniciativas de gestión del riesgo de desastres, y se examina la disparidad entre los fondos donados a los agentes internacionales y los recursos que reciben directamente los Estados afectados por los desastres y los agentes locales que trabajan sobre el terreno.

En la labor humanitaria internacional se reconoce desde hace mucho la necesidad de respetar, apoyar y fortalecer la capacidad de los agentes locales y nacionales, tanto gubernamentales como no gubernamentales, mediante la financiación y la inversión. Sin embargo, como se advierte de manera reiterada en la edición 2015 del Informe Mundial sobre Desastres, estas aspiraciones difieren mucho de la realidad de las operaciones: apenas el tres por ciento (3%) de la financiación internacional se canaliza directamente a los Estados afectados, cifra que desciende al 1,6 por ciento en el caso de las organizaciones no gubernamentales locales.

Si se critica tanto a los organismos de ayuda como a los donantes internacionales por esta disparidad, ¿por qué no se han tomado medidas para reequilibrar la inversión? En el capítulo 4 se atribuye a factores pragmáticos, políticos y de principios el escaso porcentaje de ayuda humanitaria internacional que se destina a los gobiernos afectados y a las organizaciones no gubernamentales locales.

Numerosos donantes internacionales se resisten a enviar ayuda humanitaria directamente a los Estados afectados porque temen que los fondos no se utilicen para el fin perseguido, que no se rinda cuentas al respecto, o que no se cumplan los objetivos de eficacia en función de la inversión. El afán de velar por una labor humanitaria imparcial constituye también una preocupación importante. El aumento de los controles para prevenir la corrupción, los sobornos, el blanqueo de dinero, el fraude y la financiación del terrorismo han reducido las oportunidades de financiación y aumentado la cautela y el conservadurismo por parte de las organizaciones internacionales.

La mayor parte de la financiación humanitaria internacional se canaliza a través de los agentes internacionales, que reciben los fondos y después los envían a los Estados y agentes locales a través de asociaciones y acuerdos. La falta de transparencia y justificación del volumen, la rentabilidad y el valor añadido de los fondos canalizados a través de terceros han contribuido a la proliferación de voces que propugnan la desaparición de la figura del intermediario. Sin embargo, estos mediadores internacionales desempeñan una función indispensable para evitar los problemas que plantea la financiación directa.

Dentro del marco actual de financiación internacional, la figura del intermediario puede constituir la solución más adecuada a un problema recurrente en las situaciones de crisis, a saber, la garantía del flujo de recursos. A continuación se resume las ventajas de los fondos canalizados a través de un intermediario.

  • Responsabilidad de los riesgos: los asociados internacionales prestan un servicio útil a  los donantes al asumir los costes de las transacciones relacionados con la gestión de las numerosas asociaciones en el país afectado, además de asumir riesgos jurídicos y fiduciarios.
  • Fortalecimiento de la capacidad: las asociaciones entre los agentes internacionales y locales brindan la oportunidad de proporcionar formación y asistencia técnicas, en particular,  ayudan a desarrollar la capacidad y los procedimientos institucionales necesarios para satisfacer los numerosos requisitos de calidad y rendición de cuentas impuestos por los donantes internacionales.
  • Redes de colaboración e influencia: la vinculación con un nombre reconocido internacionalmente en el ámbito de la ayuda humanitaria también puede contribuir a la credibilidad y visibilidad de los asociados locales. Las organizaciones internacionales más importantes no solo logran buenos resultados a la hora de ejercer presión y recaudar fondos sino que, además, son capaces de adaptarse para satisfacer los principios y requisitos cambiantes de los donantes.

Por otro lado, convendría que la comunidad internacional, los donantes y los gobiernos se replanteasen el modo de reequilibrar las inversiones para que los agentes locales y nacionales estén en mejores condiciones de promover la reducción del riesgo de desastres y dirigir las intervenciones siempre que sea posible. En el capítulo 4 se sostiene que los problemas que plantea la financiación directa no deben ser una excusa para promover la mediación internacional, sino que es preciso adaptar los marcos y buscar soluciones para que los agentes locales y nacionales gocen de una mayor autoridad e influencia.

La configuración de la financiación —sus sistemas, normas y cultura— debe adaptarse en función de aquel que esté en mejores condiciones de intervenir. A pesar de los posibles beneficios de las asociaciones internacionales, lo cierto es que, en la práctica, los agentes internacionales suelen competir directamente con los agentes nacionales y las posibilidades de recibir fondos favorecen claramente a los primeros. Las organizaciones no gubernamentales locales y los miembros de la sociedad civil se encuentran cerca de las comunidades afectadas por las crisis y están en mejores condiciones de llegar donde los agentes internacionales no pueden. En las crisis humanitarias en contextos de gran inseguridad, como en Iraq, Siria y Somalia, son precisamente las organizaciones no gubernamentales locales y los miembros de la sociedad civil quienes prestan ayuda humanitaria en primera línea y, sin embargo, en los últimos cinco años han visto reducida la financiación internacional directa. 

El sector de la ayuda humanitaria y del desarrollo ha sido testigo de algunos avances en materia de financiación que permiten prescindir del “intermediario”. Los bancos multilaterales y de desarrollo están ofreciendo a los gobiernos acceso directo a la financiación y asesoramiento técnico posterior a los desastres para que pongan en marcha medidas de preparación económica que prevengan el coste que conllevan la reconstrucción y la recuperación tras una crisis. Estos avances constituyen una llamada de atención a los donantes y los organismos de ayuda internacionales para que adapten sus mecanismos de financiación si no quieren quedar rezagados.

A medida que la comunidad internacional avanza en la consecución del programa de desarrollo sostenible hasta 2030, que representa una nueva era de ambición humanitaria, deberemos plantearnos cauces para lograr la sostenibilidad de los objetivos de desarrollo; ello  inevitablemente supone invertir en los agentes adecuados. Es preciso canalizar recursos en los planos estatal y comunitario, donde las necesidades humanitarias son mayores y las repercusiones en el ámbito del desarrollo son más palpables.

Also available in: Inglés, Francés, Árabe

Informe mundial sobre desastres 2015 - Capítulo 4