La voz de los agentes locales y el fomento de su autonomía digital

La tecnología está transformando la capacidad de planificación de las personas y  comunidades para hacer frente a situaciones de emergencia y organizar sus propias intervenciones. Aunque las tecnologías han contribuido en general a esta transformación, el mayor avance ha venido de la mano de las comunicaciones digitales, en particular, del extraordinario crecimiento de la telefonía móvil. Las cifras son sorprendentes:

  • en los próximos tres años, ciento treinta millones de personas de países de ingresos medios y bajos se sumarán a los usuarios ya existentes de servicios de telefonía móvil;
  • en África y en el sur de Asia el número de personas que disponen de un teléfono móvil aumenta en un veinte por ciento (20%) cada año;
  • en los países de ingresos medios y bajos, más personas tienen acceso a servicios de telefonía móvil que a saneamiento básico o a un suministro eléctrico fiable.

Esta rápida acogida de la tecnología por parte de los agentes locales y de las comunidades vulnerables ha repercutido también en la dependencia de los agentes humanitarios. La mayor innovación registrada en el sector de las tecnologías de la comunicación proviene de las comunidades afectadas por las crisis y los desastres, que utilizan estas tecnologías para satisfacer sus necesidades diarias, adherir a redes mundiales, transferir dinero y transformar su día a día. De este modo crean nuevos modelos de intervención en situaciones desastres y propician la irrupción de nuevos agentes, como el sector privado y las redes de la diáspora.

En el capítulo 7 se analiza estas nuevas tendencias en el sector de la tecnología y se examina la forma en que las comunidades se adaptan para convertirse en protagonistas del fortalecimiento de su propia capacidad de resistencia y recuperación. También se matizan los debates en torno a la función de la tecnología en la gestión de las crisis y del riesgo de desastres, que tienden a polarizarse entre quienes ven la tecnología como una bendición y quienes la consideran una trampa peligrosa.

Diversificación de los agentes humanitarios

En la edición de este año del Informe Mundial sobre Desastres, la diversificación de los agentes que intervienen en situaciones de  desastre y de crisis es un tema recurrente.  En el campo de la tecnología, ello incluye también a las empresas tecnológicas internacionales y locales y a sus proveedores de servicios asociados. Algunas de las empresas más importantes del mundo, como Google y Facebook, ya se encuentran firmemente arraigadas en el sector humanitario. Los mercados emergentes de los países de ingresos medios y bajos han propiciado el desarrollo de herramientas y servicios digitales dirigidos específicamente a las comunidades afectadas por una crisis. Por ejemplo, tras el terremoto de Nepal, Facebook habilitó por primera vez la función “Estoy bien”, que permitía a las personas que se encontraban en las zonas siniestradas enviar mensajes automáticos a todos sus contactos.

Prospera también un nuevo sector de pequeñas empresas que facilitan la expansión de la tecnología digital. En los países de ingresos medios y bajos, las tiendas de reparación de teléfonos móviles son omnipresentes a lo largo de las carreteras. Allí, los técnicos locales que las regentan reciclan aparatos antiguos y fabrican nuevos teléfonos híbridos para satisfacer las necesidades de los usuarios. Por ejemplo, utilizan algunos componentes de un teléfono inteligente para modificar un teléfono básico de Nokia de manera que incorpore funciones adaptadas a las necesidades del usuario, obteniéndose así un dispositivo diferente de los que se venden en el mercado internacional. Los agentes humanitarios locales e internacionales tendrán que recurrir cada vez más a estos técnicos para adaptarse a las tecnologías locales.

El tercer grupo surgido de los avances en la esfera de la tecnología son las redes de la diáspora, que se movilizan y se comunican con las comunidades afectadas por las crisis para brindarles apoyo por medio de la tecnología digital.

Adaptación de la tecnología por parte de las comunidades

Las personas pobres y vulnerables se han percatado de la importancia de la tecnología en sus vidas mucho más rápido que los organismos de ayuda internacionales y no han tardado en invertir en ella para que su vida sea fácil y segura.

Los datos más recientes sugieren que, cuanto más pobre es una persona, mayor prioridad otorga a los teléfonos móviles. En Kenia, una de cada cinco personas pobres prescinde a menudo de comer o de viajar en autobús para poder recargar el saldo del teléfono móvil. Además de las funciones prácticas que ofrece la tecnología móvil, las comunidades están más facultadas para hablar en primera persona y exigir responsabilidades a las autoridades y los organismos de ayuda.

Pese a la que las tecnologías de la comunicación están cada vez más presentes en la vida cotidiana de las familias de los países de ingresos medios y bajos, la brecha digital persiste. Los estudios revelan que el cuarenta y ocho por ciento (48%) de la población mundial aún no tendrá acceso a internet en 2018. La población que carece de acceso a internet presenta una serie de características comunes: el sesenta y cuatro por ciento (64%) vive en zonas rurales, la mayoría son mujeres y predominan sobre todo las personas de mayor edad y con menos estudios. El analfabetismo constituye todavía un gran obstáculo.

A medida que la aumente la necesidad de las comunidades de estar conectadas, especialmente en los días posteriores a una crisis, los organismos de ayuda tendrán que incluir estos servicios en la labor humanitaria que ya prestaban y mejorar la conectividad tanto en la preparación como en la planificación de las intervenciones.

Inconvenientes de la expansión de la tecnología digital

A pesar de los enormes beneficios que aporta la tecnología digital a las comunidades vulnerables y afectadas por las crisis, se observan tendencias ciertamente preocupantes que apuntan al uso de esta como fuente de división y abuso de las personas más vulnerables. La expansión de las tecnologías digitales de comunicación en las situaciones de crisis impone la necesidad de buscar fórmulas que permitan comprobar la autenticidad de la información y hacer frente a los problemas de protección que sufren principalmente los niños.

El uso de las comunicaciones digitales para amplificar o exacerbar la polarización de opiniones mediante la difusión de información tergiversada, o inventada, está adquiriendo proporciones peligrosas en contextos de conflictos. Por ejemplo, en el conflicto sirio, piratas informáticos de ambos bandos han difundido vídeos y documentos de atentados falsos, han robado datos relativos a operaciones humanitarias, entre ellos listas de distribución de suministros a las poblaciones afectadas y han utilizado los medios de comunicación social para difundir información falsa.

Además, el auge de la tecnología digital suscita un riesgo añadido para las personas vulnerables en las situaciones de crisis, que pueden ser víctimas de traficantes o de ciberdelincuentes, como sucedió en Myanmar, donde los traficantes de personas utilizaron las videoconferencias para urdir nuevas formas de explotación contra la población rohingya desplazada.

El futuro

A medida que aumente el uso de la tecnología por parte de las comunidades y sus conocimientos en esta materia, mejora su dominio de esta y podrán prepararse para hacer frente a los desastres e intervenir directamente a raíz de ellos, por ejemplo, dotándose de herramientas que les permitan atender a sus necesidades específicas y utilizando la tecnología para mejorar y potenciar las redes sociales y sus métodos de trabajo. Para los organismos de ayuda internacionales, la dificultad estriba en aprender a apoyar a estas comunidades, ofrecerles un valor añadido y colaborar con ellas mediante modelos basados en la comunidad. Si las herramientas y las plataformas están arraigadas en las costumbres y las circunstancias locales, no se deben trasladar a otros contextos. Los organismos de ayuda deben centrar sus esfuerzos en entender y aprovechar los modelos concebidos por la comunidad, en lugar de introducir tecnología externa, especialmente si se trata de una situación de crisis.

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Informe mundial sobre desastres 2015 - Capítulo 7