Informe mundial sobre desastres 2015

Agentes locales, clave para la efectividad de la acción humanitaria
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Los actores locales muchas veces son los más eficaces en la ejecución de operaciones humanitarias. No obstante, a pesar de desempeñar un papel crítico, deben luchar por atraer los fondos y el apoyo que precisan.

La edición de 2015 del Informe mundial sobre desastres –lanzada hoy por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR)– examina los factores de complejidad y los retos que afrontan los actores locales en la ampliación y el mantenimiento de su respuesta humanitaria.

Aunque generalmente reconocida, la efectividad de las organizaciones humanitarias locales o nacionales no se refleja en las estructuras de financiamiento o coordinación humanitaria. Según el Informe mundial sobre desastres, por ejemplo, sólo el 1,6 por ciento de los fondos destinados a asistencia humanitaria se canaliza directamente a organizaciones no gubernamentales nacionales y locales.

El informe defiende la necesidad de un cambio hacia la “localización” de la ayuda y asociaciones más equitativas entre los actores internacionales y locales.

“Los actores locales siempre responden los primeros. En 2015 hemos visto a los habitantes y las organizaciones locales en el centro de las operaciones para rescatar a miles de personas atrapadas entre los escombros tras el terremoto en Nepal, estableciendo centros de evacuación después del ciclón Pam en Vanuatu, así como en primera línea del prolongado conflicto en Siria”, observó Elhadj As Sy, secretario general de la FICR.

“Pero la efectividad de los actores locales va más allá de su proximidad. Los grupos locales, incluidas las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, son eficaces por la perspectiva que aportan, por su comprensión del idioma y las normas culturales, y por estar permanentemente presentes en las comunidades y poder acompañarlas para gestionar el riesgo de desastres antes de que estos ocurran.”

Datos y cifras

En 2014 fueron notificados 271 desastres en el mundo que afectaron a 94 países.

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Las personas muertas por desastres tecnológicos
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Las muertes causadas por desastres en 2014
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Las personas afectadas por las inundaciones, las sequías y las tormentas en China
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Número de personas afectadas por desastres

Cinco primeros

La mayoría de los desastres comunes a nivel mundial 2005-2014

Inundaciones

1,753

Terremoto

1,254

Tormentas

988

Ola de calor

262

Sequía

223

Los desastres de contenido (2005-2014)

Asia contabilizó el 48% de los desastres ocurridos en 2014, más del 85% del número de muertos en los mismos y el 86% del total mundial de damnificados.

El número de muertos en Asia aumentó mientras que en las Américas, la tasa de mortalidad disminuyó a 8% cuando la media era del 25%.

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Resúmenes de los capítulos

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El informe revela que los agentes locales valoran la eficacia de las operaciones tanto, o incluso más, que los asociados internacionales que les brindan apoyo. Por otro lado, la comunidad internacional ejerce una función indispensable, por lo que no puede delegar en las comunidades, las organizaciones y los gobiernos locales toda la responsabilidad que conllevan las intervenciones en crisis de gran envergadura. Sin embargo, se impone la necesidad de un equilibrio más adecuado.

Cada vez es más habitual encontrarse con los denominados “agentes locales”, ya sean particulares, voluntarios, organizaciones no gubernamentales, empresas, grupos religiosos o gobiernos, por citar solo algunos, trabajando en primera línea en situaciones de crisis o dirigiendo iniciativas de reducción del riesgo de desastres. En la presente edición del Informe Mundial sobre Desastres se analiza las razones que subyacen a este interés creciente por la función de los agentes locales, así como algunos de los factores que explican su necesario mayor protagonismo en las operaciones humanitarias más importantes. También se examinan algunos de las limitaciones y preocupaciones derivadas de la dependencia creciente de la labor de los agentes locales, especialmente en situaciones de conflicto.

Finalmente, se destacan algunas de las actividades llevadas a cabo para mejorar la cooperación entre los agentes humanitarios “tradicionales” y los agentes locales.

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La comunidad humanitaria internacional coincide en que el fomento y fortalecimiento de la capacidad de los agentes nacionales y locales es fundamental para gestionar mejor el riesgo de desastres. Cada año, los donantes internacionales y las organizaciones no gubernamentales invierten millones de dólares en iniciativas de fomento de la capacidad; sin embargo, son escasos los datos que demuestran la eficacia o los frutos a largo plazo de esta inversión.

En el capítulo 2 se presentan las conclusiones preliminares del análisis mundial llevado a cabo por la Federación Internacional sobre las iniciativas de fortalecimiento de la capacidad y sus consecuencias en la gestión del riesgo de desastres por parte de los agentes locales. El análisis, dirigido a toda la comunidad humanitaria, aporta fundamentos empíricos que sientan las bases de una planificación y ejecución eficaces. En él se examinan, además, las dificultades con que tropiezan las iniciativas de fortalecimiento de la capacidad de gestión del riesgo de desastres y se proponen soluciones al respecto.

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In an everyday setting, international visitors, organizations, or donors must respect the laws of the state they are entering. In a disaster or crises setting though, where a state is overwhelmed and requires immediate assistance in the form of finance, resources and expertise, everyday laws governing how foreign entities can operate can be inadequate or hinder swift response.

To deal with these exceptional circumstances, there is a growing body of disaster risk law and governance frameworks, which seek to guide community, national and international actors to reduce and manage disaster and climate-related risks. 

Chapter 3 looks at the current mechanisms for law and governance, including legislation, policies, mandatory standards and administrative procedures and how well they facilitate adequate recognition of local actors and a shift toward more equal partnerships between international and local actors.

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En circunstancias normales, los ciudadanos, las organizaciones y los donantes extranjeros deben respetar la legislación del Estado en el que se encuentran. Sin embargo, en una situación de desastre o en una crisis, cuando el Estado se ve abrumado y requiere inmediatamente ayuda internacional en forma de financiación, recursos y competencias, las leyes ordinarias que regulan la labor de las entidades extranjeras pueden ser insuficientes o entorpecer las intervenciones.

Para hacer frente a estas circunstancias excepcionales, existe un acervo creciente de normas jurídicas y marcos de buen gobierno aplicables en casos de desastre, cuyo fin es orientar a los agentes locales, nacionales e internacionales en su labor de reducción y gestión de los riesgos de desastres y relacionados con el clima.

En el capítulo 3 se examinan los mecanismos legislativos y de gobierno vigentes, en particular las leyes, las normas vinculantes y los procedimientos administrativos, y la medida en que favorecen el debido reconocimiento de los agentes locales. Además, se analiza la tendencia hacia unas asociaciones más equitativas entre los agentes internacionales y locales.

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Desde el fin de la guerra fría la naturaleza de la asistencia humanitaria ha cambiado drásticamente. Su crecimiento exponencial la ha llevado a convertirse en un sector valorado en cerca de veinte mil millones de dólares estadounidenses. El incremento de la inversión en el ámbito del desarrollo y de la intervención en situaciones de crisis ha permitido concebir  mecanismos de prevención y mitigación de las crisis cada vez más sofisticados y acelerar la rapidez de las intervenciones.

Sin embargo, la comunidad humanitaria suele ser objeto de riguroso control, cuando no de críticas, en relación con el gasto y la distribución de los fondos. En el capítulo 4 se analiza los mecanismos de financiación corrientes de las intervenciones humanitarias y las iniciativas de gestión del riesgo de desastres, y se examina la disparidad entre los fondos donados a los agentes internacionales y los recursos que reciben directamente los Estados afectados por los desastres y los agentes locales que trabajan sobre el terreno.

En la labor humanitaria internacional se reconoce desde hace mucho la necesidad de respetar, apoyar y fortalecer la capacidad de los agentes locales y nacionales, tanto gubernamentales como no gubernamentales, mediante la financiación y la inversión. Sin embargo, como se advierte de manera reiterada en la edición 2015 del Informe Mundial sobre Desastres, estas aspiraciones difieren mucho de la realidad de las operaciones: apenas el tres por ciento (3%) de la financiación internacional se canaliza directamente a los Estados afectados, cifra que desciende al 1,6 por ciento en el caso de las organizaciones no gubernamentales locales.

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La crisis que vive Yemen en la actualidad es un ejemplo catastrófico de las consecuencias que sufren las comunidades afectadas cuando las partes beligerantes impiden a los agentes humanitarios brindar asistencia y protección. La población tiene dificultades para acceder a los servicios básicos en todo el país, a lo que se añade la escasez de alimentos, suministro de electricidad y combustible. Los organismos de ayuda, con la excepción del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), han visto denegado el acceso reiteradamente y, en general,  son los agentes locales quienes se encargan de negociar la labor de ayuda humanitaria.

Como se señaló en el capítulo 5, el socorro internacional en contextos inseguros es cada vez más difícil. Pese a que existe un conjunto de principios rectores y prácticas recomendadas que rigen las asociaciones entre los agentes locales e internacionales en los conflictos armados, la naturaleza y la complejidad de los conflictos, en constante evolución, requiere enfoques diferentes y específicos a cada contexto.

En el capítulo 6 se analizan las repercusiones de las situaciones de conflicto contemporáneas en la labor humanitaria por lo que respecta a la diversidad y el alcance de las necesidades humanitarias, los problemas de acceso, la protección y la prestación de asistencia, y se hace un repaso de los diversos organismos de ayuda locales e internacionales.

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La technologie transforme les moyens dont disposent les individus et les communautés pour planifier et organiser leurs propres interventions d’urgence. C’est le cas de toutes les technologies, mais la mutation technologique récente la plus significative est l’essor de la communication numérique. L’utilisation des téléphones portables en particulier a explosé. Les statistiques sont stupéfiantes :

Dans trois ans, les pays à revenu faible ou moyen compteront 130 millions d’utilisateurs de services de téléphonie mobile supplémentaires.

En Afrique et en Asie du sud, le nombre de personnes possédant un téléphone portable augmente de 20 % chaque année.

Dans les pays à revenu faible ou moyen, davantage de personnes ont accès aux téléphones portables qu’à l’eau potable ou à un approvisionnement fiable en électricité.

L’adoption rapide de la technologie par les acteurs locaux et les communautés vulnérables se traduit par une diminution de la dépendance à l’égard des acteurs humanitaires. Ce sont les communautés touchées par des catastrophes ou des crises qui se montrent les plus innovantes, utilisant les technologies de la communication pour satisfaire leurs besoins au quotidien, rejoindre des réseaux mondiaux, transférer de l’argent et transformer leur vie quotidienne. Ce faisant, elles créent des modèles entièrement nouveaux d’intervention en cas de catastrophe et y intègrent de nouveaux acteurs importants, en particulier le secteur privé et les réseaux des diasporas.

Le chapitre 7 examine les nouvelles tendances en matière de technologie et la manière dont les acteurs locaux et les communautés adaptent cette technologie pour devenir les principaux agents du renforcement de leur propre résilience. Ce chapitre a également pour objectif d’apporter quelques nuances dans les discussions actuelles sur le rôle de la technologie dans la réduction des risques de catastrophe et la gestion des crises, qui tendent à polariser, opposant ceux qui considèrent la technologie comme une force de transformation positive à ceux qui voient en elle un faux-fuyant dangereux.

Estudios de caso

Also available in: Inglés, Francés, Árabe

International Federation of Red Cross and Red Crescent Societies