La Cruz Roja Coreana ayuda a migrantes con dos programas

“Intentamos encontrar personas que necesitan nuestra asistencia, lo que a veces implica buscar en las zonas más pobres y preguntar a los vecinos si conocen a alguien que tenga problemas serios”, explica Ji-Hye Kim, una de las jóvenes voluntarias que participa activamente en el programa Molino de esperanza que la Cruz Roja Coreana lleva a cabo en el distrito de Dobong-gu de Seúl.

Hler Gudjonsson, FICR

En el marco de ese ambicioso programa se presta ayuda humanitaria a migrantes y familias multiculturales que vinieron a instalarse en la República de Corea para empezar una nueva vida. También se abordan las necesidades de niños, jóvenes y personas mayores que son  vulnerables. Cada semana, Ji-Hye, de 27 años, visita a los beneficiarios que le fueron asignados para asegurarse que estén recibiendo la ayuda que necesitan.

Pero la Cruz Roja Coreana no aborda las necesidades de las personas más vulnerables del país únicamente en ese programa.

En el sótano de una gran instalación del Centro Comunitario de la Cruz Roja del distrito de Chongo, un grupo de abnegadas voluntarias se reúne regularmente para preparar paquetes de alimentos, el dulce aroma de los pasteles recién horneados impregna el aire

Mediante esa labor se presta un importante socorro humanitario a centenares de familias vulnerables del distrito; también supone una valiosa oportunidad de establecer contactos sociales porque allí, muchas mujeres son extranjeras casadas con coreanos, lo que suele ser el caso de la mayoría de las familias multiculturales del país.

“La Cruz Roja me hace sentir mucho más segura de vivir en Corea”, comenta Yuko Murakami, (segunda de la derecha) que emigró de Japón a Corea para casarse con su marido coreano. “Tuvimos que luchar duro por problemas financieros, pero cuando atravesamos las mayores dificultades recibimos mucho apoyo de la Cruz Roja”.

Yuko recuerda aquella Navidad en que la Cruz Roja les ofreció muñecas y bicicletas para sus hijos que eran aún pequeños. “Estaban muy contentos de recibir esos regalos de Navidad que nosotros no hubiéramos podido permitirnos. Por todo ese apoyo y esa amistad, haga frío o calor, me siento muy bienvenida en Corea”, afirma.

“Pasé momentos muy difíciles cuando vine aquí por primera vez”, cuenta Hyun Chong, (a la derecha con los pasteles), que emigró de Corea del Norte a Seúl. “Sufría una grave depresión y me era difícil trabajar, pero aquí, mis amigas de la Cruz Roja me apoyaron muchísimo”.

A su vez, la amistad y el apoyo personal que recibió, le inspiraron el profundo deseo de ayudar a los demás.

“En mis peores períodos de desesperación era incapaz de dejar de pensar solo en mí. No estaba acostumbrada a pensar siquiera un segundo en los demás ni en qué podía hacer para que sufrieran menos. Ahora, cuando cocino aquí en el Centro Comunitario de la Cruz Roja, pensar en ayudar a alguien necesitado me da un objetivo en la vida y me hace feliz. A través de esta labor como voluntaria de la Cruz Roja siento que me puedo vincular con la sociedad, aquí en mi nuevo país.”

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