La Cruz Roja Indonesia interviene para ayuda a migrantes que llegan de Bangladesh y Myanmar

A principios de mayo de 2015, todo cambió en Meunasah Sagoe, tranquila comunidad de Aceh del Norte de la isla indonesia de Sumatra.

En unos pocos días, 561 migrantes de Bangladesh y Myanmar desembarcaron en la playa de allí; muchos apenas podían llegar a la orilla, después que traficantes de seres humanos los dejaran a la deriva en el mar de Andamán. Los pescadores locales acudieron a rescatarlos y remolcaron las embarcaciones abarrotadas de migrantes que hacían agua.

Quienes sobrevivieron al viaje permanecieron tres meses hacinados en esas naves y con poca agua, comida y protección.

Ahmad Yani, trabaja en la filial de Aceh del Norte de la Cruz Roja Indonesia –Palang Merah Indonesia (PMI) en indonesio y fue enviado a asistir a los recién llegados.

“La mayoría, incluidos los niños, estaba muy mal. Sus problemas de salud iban de la deshidratación al trauma psicológico”, recuerda.

Fue un par de días antes que el gobierno indonesio alojara a esos migrantes en refugios.

La primera acción de la Cruz Roja consistió en ayudar a las autoridades locales a trasladarlos a todos a un lugar más seguro en Kuala Cangkoi, pequeña zona portuaria, cerca de la playa de Sagoe.

“Les ayudamos porque necesitaban ayuda humanitaria de inmediato, independientemente de su condición de migrantes”, cuenta Ahmad Yani.

Poco después, los migrantes fueron reubicados y la Cruz Roja estableció un centro de salud en colaboración con una asociación local de médicos para prestarles primeros auxilios y otros servicios de salud. La Cruz Roja también instaló un comedor de campaña donde servía 561 comidas tres veces por día.

En una semana, más de 1.800 migrantes llegaron a distintos puntos de la costa de Sumatra Oriental. Las autoridades abrieron seis refugios en cuatro zonas. Una de las mayores dificultades fue la barrera del idioma; recurriendo a un par de migrantes que hablaban malayo, muy parecido al bahasa indonesia, la Cruz Roja y las autoridades locales pudieron llevar a cabo una rápida evaluación para determinar las necesidades de los migrantes. 

Lo más urgente era ocuparse de los problemas de salud y, a tales efectos, la PMI envió tres médicos, siete miembros del personal paramédico y 21 voluntarios para que, en colaboración con otras organizaciones, prestaran servicios médicos en los refugios. Además, como los migrantes traían muy pocas cosas, la PMI distribuyó ropa, mantas y paquetes para bebés. Una vez los migrantes instalados, equipos de la Cruz Roja organizaron sesiones de promoción de la salud y la higiene en los refugios, incluidos el lavado de las manos y otros consejos para mantenerse sanos allí.

En el marco de las actividades de restablecimiento del contacto entre familiares (RFL por su sigla en inglés), y con apoyo del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), la PMI puso en marcha el servicio “Estoy vivo” para que los migrantes pudieran enviar un mensaje a la familia en su país de origen. Los formularios con mensajes de 35 migrantes de Bangladesh se mandaron a la Media Luna Roja de Bangladesh para que los transmitiera a los interesados. La PMI también ofreció un servicio de teléfono móvil para que los migrantes alojados en los refugios se comunicaran con sus familiares de Bangladesh y Myanmar.

Evidentemente, los problemas de los migrantes no se pueden abordar sin la cooperación de otros actores clave. El 19 de junio de 2015, la PMI firmó un memorando de entendimiento con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) a fin de reforzar la colaboración entre ambas instituciones en el campo humanitario y, sobre todo, la prestación de servicios de salud a los migrantes, así como la ayuda para que se reúnan con sus familiares mediante actividades de RFL.

PROTEGER LA HUMANIDAD

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Detrás de las estadísticas de migración, hay vidas humanas.

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