Por tierra y por mar – El peligroso viaje de una familia siria hacia un futuro más seguro

En una tienda de campaña abarrotada e instalada en un terreno polvoriento cerca de Gevgelija, Ex República Yugoslava (ERY) de Macedonia, la familia de Samir está sentada hablando con una doctora de la Cruz Roja sobre la enfermedad de los cuatro niños del grupo. Debido a las peleas y los alaridos de otros niños a su alrededor, la Dra. Sandra Ignjatovska tiene que gritar para hacerse oír.

Corinne Ambler, FICR

“Tómala con agua es para el dolor”, le dice señalando su garganta y dándole una píldora a una de las niñas. Luego, le pide a una colega que alumbre la linterna de su celular para poder examinarle la garganta más de cerca. Después, le da una pastilla a la otra niña que tiene diarrea y le dice: “Y esta es otra para ti”, mientras el intérprete de árabe explica a la familia lo que hay que hacer.

La familia de Samir acaba de cruzar la frontera de Grecia con la ERY de Macedonia; partieron de su casa en Daraa, Siria meridional, y viajaron 20 días por Turquía y Grecia. Están Cubiertos de polvo, cansados y traumatizados, cuando les preguntamos cómo se sienten, Abukushlif Samir de 24 años, padre de dos de las niñas, y la madre de él, Fendiya Seyid de 47 años, responden con una gran sonrisa.

“Aquí es un poquito mejor que en los otros Estados. Es la primera vez que vemos un médico de la Cruz Roja y la Media Luna Roja. La chiquita está resfriada y le duele la garganta. Y a la otra niña le dio un medicamento para la fiebre y la diarrea”, comenta Samir.

Los cuatro niños tienen menos de seis años; las dos niñas pequeñitas son hijas de Samir y el chico y la chica mayores son hijos de su hermano que vive en Suecia que es su país de destino. Pero el viaje no ha sido fácil. 

“Estuvimos cinco días en la frontera de Siria con Turquía, durmiendo a la intemperie y a toda hora había disparos y fuego de francotiradores. En Turquía fue peor porque la frontera con Grecia estaba cerrada y aquellos era un infierno. Nos dejaron sin piedad, sin agua y sin comida”, cuenta Samir.    

Voluntarios de la Cruz Roja de la ERY de Macedonia atenderán a la familia durante el corto tiempo que estará en el país esperando para tomar un tren que les lleve al norte hasta la frontera con Serbia. Les proporcionaron agua, alimentos, pañales y paquetes de artículos de higiene. La esposa de Samir se quedó en Siria porque después de un parto difícil estaba demasiado mal para viajar, pero el espera volver a reunirse con ella cuando llegue a Suecia y se alegra de que no haya hecho ese viaje tan difícil. 

“En el mar fue muy duro. Les cerrábamos los ojos a los niños para que no vieran y les dábamos somníferos para tranquilizarlos. Estuvimos casi siete horas en el mar y a punto de ahogarnos; en la pequeña embarcación éramos 70 y entraba agua continuamente. La que venía detrás con 60 pasajeros se hundió y se ahogaron todos. Había muchos bebés y todo sucedió frente a nuestros ojos”, añade.

Los adultos aprovechan este breve respiro de su largo recorrido para bañar a los niños bajo el calor del sol usando las botellas de agua que les entregó la Cruz Roja. La pequeña Ayar chilla con deleite y chapotea en los charcos. Su abuela le lava el único vestido que tiene y lo cuelga a secar en el alambrado.

Poco después, Samir dice que tiene un deseo: “Le pido a Dios, Alá y Mahoma que ayuden a todos los sirios del mundo dondequiera que estén.”

Al caer la noche, la familia había partido para el norte con destino a Serbia; de ahí atravesarán Hungría y, con suerte, llegarán a Suecia a encontrarse con los suyos.

Desde que comenzara la crisis de migrantes en junio de 2015, la Cruz Roja de la Ex República Yugoslava viene respondiendo en todo el país; 120 voluntarios y 20 miembros del personal participan en la respuesta.

La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) transfirió 193.218 francos suizos de su Fondo de Reserva para el Socorro en Casos de desastre a fin de contribuir a satisfacer las necesidades de emergencia y reducir las vulnerabilidades de 10.000 personas.

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Detrás de las estadísticas de migración, hay vidas humanas.

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