Migrantes recién llegados a Hungría necesitan asistencia en el centro de tránsito

Una joven iraquí de 25 años parece estar demasiado cansada para hablar largo y tendido de su peligroso viaje hasta el sur Hungría en un caluroso día estival de principios de julio.

Andreea Anca, FICR

Una joven iraquí de 25 años parece estar demasiado cansada para hablar largo y tendido de su peligroso viaje hasta el sur Hungría en un caluroso día estival de principios de julio. Intenta en vano de calmar a su hijito de seis meses que llora en sus brazos. Su esposo y sus dos hermanas menores duermen tranquilamente en las camas del ejército alineadas en el centro de identificación de Röszke, cerca de la frontera con Serbia.

Un joven sudanés que está sentado a solas, lejos de los demás, se ve exhausto y perdido en el gran espacio que en otros tiempos era un hangar. Se quita lentamente los zapatos y, de pronto, rompe a llorar.

Una mujer afgana, acostada en la cama, visiblemente sufre de sus lesiones en la rodilla y la cadera.

Khaled de 13 años y Niwar de 14, son dos adolescentes sirios que lograron llegar hasta aquí en compañía de parientes lejanos. Están descalzos y el estado de sus pies demuestra la larga caminata que hicieron sin zapatos. Niwar se rasca nerviosamente los brazos llenos de ronchas.

Cerca de la salida hay una larga cola de migrantes que esperan para subir a los autobuses que están fueran y llevarán a la mayoría de ellos a centros de acogida de todo el país.

En este espacio hay un rincón animado donde varios niños dibujan y hacen aviones de papel con ayuda de un voluntario de la filial de Csongrád de la Cruz Roja Húngara. Distraídos con los juegos y los lápices de colores parecen no notar la fatiga ni la mirada preocupada de sus padres.

Aceptación universal de la Cruz Roja

Los migrantes que intentan cruzar la frontera de Hungría con Serbia, primero son llevados por la policía al centro de registro de Röszke y luego trasladados a otras instalaciones para migrantes y solicitantes de asilo. Durante esas pocas horas, no solo se les ofrecen agua y alimentos, también pueden descansar un poco.

Según la policía, la mayoría de los migrantes son de países donde hay conflictos armados, mucha pobreza y disturbios sociales, como Afganistán, Iraq y Siria. Los datos disponibles revelan que en término medio, el 80 de los que llegan ahora al centro de Röszke pedirá asilo en Hungría. Los menores de 14 años representan aproximadamente el 10 por ciento y los menores de 18, un tercio; también hay muchas embarazadas entre quienes llegan aquí.

Gábor Eberhardt, capitán de policía a cargo del centro de Röszke, solicita asistencia civil para ayudar a los oficiales a comunicar con los migrantes y dirigirse a los niños.

“Aquí necesitamos ayuda, la policía por sí sola no puede hacerse cargo de esta situación. Una organización como la Cruz Roja es aceptada universalmente”, señala. Se estima que 1.700 migrantes entran a diario en Hungría.

Actualmente, la Cruz Roja Húngara presta apoyo psicosocial a niños y mujeres en el centro de Röszke y ha iniciado los preparativos para ampliar sus operaciones relacionadas con los migrantes.

“La Cruz Roja Húngara presta asistencia a migrantes en función del grado de vulnerabilidad y adopta un enfoque a largo plazo a fin de encontrar soluciones para las personas más necesitadas”, explica István Kardos, Director General de la Cruz Roja Húngara, y añade: “Para nosotros, ningún ser humano es ilegal.”

PROTEGER LA HUMANIDAD

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Detrás de las estadísticas de migración, hay vidas humanas.

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